El templo vasco en ruinas que se ha convertido en vivienda

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El estudio de arquitectura con sede en Bilbao, Garmendia Cordero Arquitectos, ha transformado una iglesia renacentista abandonada en una casa en Sopuerta, en Vizcaya. En el templo vasco, llamado Iglesia de Tas, con una superficie total de 190 metros cuadrados, el estudio aprovechó el diseño y lo adaptó para un diseño flexible, con toques modernos, manteniendo las huellas de la historia en el interior.

Para el proyecto, el estudio, liderado por Álvaro Cordero Iturregui y Carlos Garmendia Fernández, ha trabajado de cerca con Tas Carega, el dueño del templo, para convertir el espacio de acuerdo con la presencia histórica del edificio.

Reconstrucción del templo en vivienda conservando la historia

Cualquier cambio en el uso de un espacio requiere una serie de acciones que adapten dicho lugar a las nuevas necesidades que se presentan más allá de las implícitas que conlleva la actualización del mismo. En esta ocasión, la tarea de transformación fue tan motivadora como excepcional: transformar el templo renacentista abandonado en un hogar.

A lo largo del proceso, tres conceptos constituyeron la hoja de ruta para el equipo de arquitectos: la historia, el cliente y el proyecto entendido como prólogo.

La intervención se llevó a cabo sobre el templo (no mucho mayor que una ermita) construido durante la segunda mitad del siglo XVI y que sufrió una importante remodelación en términos neoclásicos a finales del siglo XVIII, aumentando su altura y añadiendo, entre otras cosas, un campanario y un abrevadero.

salón iglesia de tas

Al inicio del proyecto, el edificio se encontraba sin cubierta, derrumbado en su propio interior y en un preocupante estado de inestabilidad estructural.

Ubicado en el barrio de Las Barrietas, dentro del municipio de Sopuerta y rodeado de una decena de edificaciones aisladas, ocupa una posición privilegiada en un lugar rodeado de montañas con exuberante vegetación.

Se priorizó en todo momento la idea de intervenir de la manera más sensible posible, reformando partes de la iglesia solo cuando no había otra alternativa, entendiendo la acción como un elemento ajeno implantado dentro de una ruina.

Según el estudio de arquitectos, cada proyecto gira en torno a un cliente o al menos un usuario destinado a habitar el proyecto pero, en este caso, esta figura adquiere un protagonismo mucho mayor.

La forma de diseñar una vivienda está directamente ligada al estilo de vida del habitante y, por ello, este proyecto es el resultado de un deseo de domesticar un espacio insólito y hacerlo con respecto a la historia anterior, pero con conceptos contemporáneos, entendiendo la vivienda como un espacio abierto y configurando la casa como un lugar de encuentro, como una oportunidad para socializar la arquitectura de la vivienda.

En este sentido, el proyecto ha sido diseñado a “dos ​​manos”, compartiendo inquietudes, conocimientos, aspiraciones y obsesiones. El cliente se convirtió en el generador del proyecto, visualizando, diseñando, dibujando e incluso siendo parte de algunas partes de ejecución de la obra.

Tas Careaga Irazabal: diseñador responsable del proyecto

Así se entendió desde el principio, como un trabajo de diseño prolongado en el tiempo que ha ido evolucionando a medida que se realizaba la obra. Una vez terminada la obra del arquitecto, siguió creciendo de la mano de Tas, en función de las mismas premisas marcadas desde el principio y bajo las que ha tenido lugar la intervención del estudio de arquitectos.

reconstrucción el templo de Tas

El cliente ha seguido con el proyecto respetando lo que ya estaba ahí, dejando visible lo que se genera en el presente, afrontando voluntaria y conscientemente la historia del edificio anterior, sin tocar ni maquillar las cicatrices que muestran su recorrido casi tan directamente como lo haría un cuento.

Tas ha decorado el templo asumiendo las consecuencias que conlleva un cambio de uso y el cambio de escala que implica crear una vivienda dentro de lo que se concibió como iglesia, en las distintas necesidades lumínicas y ambientales que marcan su nueva vida. Entendiendo cómo ese nuevo espacio ha adquirido un nuevo valor, cómo se ha logrado, sin olvidar el pasado, convertir un espacio de culto en un hogar.

3 años para convertir el templo en su hogar

Cuando Tas Careaga vio por primera vez su iglesia del siglo XVI, se anunció a la venta como un “terreno con edificio en ruinas”. Abandonado durante décadas (la ciudad tiene otras 6 iglesias para una población de 2000), el obispado local lo vendió por muy poco, pero se requirió que el nuevo propietario lo reconstruyera.

Careaga y sus colegas arquitectos pasaron 3 meses limpiando la estructura de escombros antes de comenzar a trabajar para convertir el templo en un hogar.

dormitorio iglesia de Tas

Con la ayuda del arquitecto Carlos Garmendia, Careaga conservó la sensación de amplitud del espacio construyendo solo una pared (para un baño en el segundo piso). En la actualidad, la cúpula alberga una cocina de techos muy altos con paredes llenas de obras de arte. La mayor parte de la iglesia tiene techos que alcanzan los 10 metros creados hace 5 siglos.

En aproximadamente una cuarta parte del templo, Careaga construyó un marco de madera para crear dos espacios sin paredes con un dormitorio en el segundo piso y una oficina en el tercero. En lugar de paredes o barandillas, el segundo piso solo dispone de 3 cables delgados de metal para la protección de los ocupantes.

La casa es profundamente personal, llena de muebles de la familia de Careaga, arte religioso de su abuela e idiosincrasias como un slackline para cruzar la caída de diez metros entre la oficina y un dormitorio secreto sobre la cúpula. Careaga estuvo 3 años convirtiendo la iglesia en su hogar principalmente con su propio trabajo y la ayuda de sus colegas arquitectos.

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