Trasmoz ¿Qué ver y hacer en este pueblo de brujas en España?

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¿Sabías que en España existe un pueblo excomulgado por la Iglesia? Se trata de Trasmoz, en la provincia de Zaragoza y a las faldas del Moncayo. Trasmoz es un pueblo con mucha historia, un pueblo llamado por unos “maldito” y que, en tiempos medievales, se cree fue sede de aquelarres, brujería y hechizos. En nuestro artículo de hoy te invitamos a descubrirlo.

Situación de Trasmoz

Trasmoz es un pueblo maldito ubicado a 13 kilómetros de Tarazona y 78 kilómetros de Zaragoza, en la provincia de Aragón y a una altitud de 756 metros sobre el nivel del mar, en las cercanías de la cumbre Moncayo, la más alta de la cadena montañosa del mismo nombre. Parte de los territorios de Trasmoz se encuentran circunscritos al Parque Natural del Moncayo.

En este pueblo viven alrededor de 62 habitantes, pero solo la mitad de estos se encuentran de forma permanente en el pueblo. Esto no es impedimento para que, cada año, se organice la Feria de brujería, magia y plantas medicinales de Moncayo, una celebración a la que asisten numerosas “brujas” de la zona así como el famoso “Yerbero de Trasmoz”. Se cree que el municipio aprovecha el hecho de que el pueblo se el único excomulgado por la Iglesia católica para poder organizar esta feria anual de brujería.

Ir a Trasmoz es adentrarse en un lugar lleno de magia y misterio. Puedes acercarte a su famoso castillo, que lleva muchos siglos en pie y es testigo de la “macabra historia de este pueblo”. En el castillo es imprescindible subir a la torre del homenaje, que ofrece unas espectaculares vistas panorámicas del valle.

Trasmoz, pueblo maldito

A pesar de ser pequeño, Trasmoz siempre ha estado ligado a muchas controversias y disputas. Estas se remontan a los siglos XIV y XV, cuando el pueblo pertenecía a dos de las familias más importantes de la nobleza de Aragón. Entonces era un feudo vinculado al linaje de los Luna, hasta que estos cayeron en desgracia. Ante este hecho, el rey Alfonso V ordenó que el castillo del pueblo pasara a manos de la familia de los Ximénez Urrea, hasta que se desató una guerra entre esta familia y el Conde de Ribagorza por el dominio del agua del Moncayo.

Trasmoz es el único pueblo maldito de España

Esta disputa, que ahora podría parecernos algo absurda, no hizo más que agravar las cosas para Trasmoz. Aprovechando esta situación, la Iglesia no hizo más que enemistarse con el pueblo, que ya estaba en la mira por presunta brujería, rituales paganos y desapego de la religión y de este modo se proclamó la famosa Maldición de Trasmoz.

Trasmoz se localiza muy cerca del Monasterio de Veruela, que intentaba someter constantemente al pueblo con su jurisdicción religiosa. Ante la guerra por el agua y la insurrección que Trasmoz demostraba a la Iglesia, el Abad del monasterio lanzó la famosa maldición. Así, Trasmoz se convirtió en el único pueblo maldito del mundo. Pero, ¿cómo se maldice un pueblo? El ritual consistió en poner una enorme cruz, cubierta con un velo negro, a la entrada de Trasmoz, como un símbolo de su blasfemia. Después se proclamó el Salmo 108 y, de este modo, el señor del pueblo (de los Ximénez Urrea), sus descendientes y todo el pueblo, quedaron malditos.

Aunque el rey Fernando II de Aragón siempre apoyó a la villa, el Papa Julio II dio la autorización al Abad de Veruela para llevar a cabo el rito. Desde 1511 pesa la maldición sobre Trasmoz y sus habitantes; dicha situación solo puede ser revocada por otro Papa, algo que, hasta ahora, no ha ocurrido. Eso convierte a Trasmoz en el único sitio maldito y excomulgado de España.

El castillo de Trasmoz

Según la leyenda, el castillo de Trasmoz fue construido por Mutamín, el nigromante. La hazaña de edificar el imponente recinto medieval se llevó a cabo en una sola noche y, desde entonces, la supuesta herejía en el pueblo no hizo más que crecer y hacerse más fuerte. Se cuenta que las brujas acampaban a sus anchas en siniestros aquelarres y ritos, así como son famosos sus supuestos vuelos de escoba. También se cree que estas discípulas de Satán asistían cada sábado al castillo para practicar estos actos paganos después del toque de las ánimas de la Iglesia.

Pero, ¿es cierto todo esto que se cuenta sobre Trasmoz? Es algo que queda a decisión de los que se atreven a visitar el pueblo y su castillo. Si decides acercarte, podrás conocer parte del antiguo museo de la brujería: ahí están expuestos algunos objetos encontrados en diversas excavaciones. En el castillo también conocerás a una de sus leyendas más célebres y temidas: la tía Casca.

Te invitamos a descubrir Trasmoz, pueblo de brujas

Bécquer y la Tía Casca

“El espíritu errante de la bruja se ocupa en perseguir a los infelices pastores”, cuenta en una de sus famosas Cartas desde mi celda, el célebre Gustavo Adolfo Bécquer. El escritor hace referencia aquí a la tía Casca, la bruja más famosa de Trasmoz; opero, ¿Cómo sabía Bécquer de la existencia de esta temida bruja?

Empezamos por contarte que, en 1863, el célebre poeta y su hermano viajaron a la Sierra del Moncayo por la frágil salud de Bécquer. Los Bécquer se instalaron en el monasterio de Veruela, que entonces ya se había convertido en una posada. Gustavo Adolfo Bécquer permaneció en el monasterio durante el invierno de 1864 hasta que volvió a Madrid para publicar sus cartas y leyendas en el periódico El Contemporáneo.

Bécquer relata que la tía Casca tenía los cabellos blancos, el cuerpo encorvado y los brazos deformes y vivió en Trasmoz en el siglo XIX. Fue acusada de brujería por los vecinos que terminaron tirándola por un acantilado. Los supuestos poderes de la bruja consistían en hablar varios idiomas además del latín y se cree que podía echar el mal de ojo a grandes y pequeños. Y de esta leyenda, Bécquer se inspiró para escribir una de las obras de literatura más leídas en lengua castellana. Tres leyendas de este popular libro están basadas en las historias de las brujas de Trasmoz.

La incursión de Bécquer en el Monasterio de Veruela y la estrecha relación que tuvo con las leyendas de Trasmoz ha sido retratada en el documental Bécquer y las Brujas, así como en el episodio 3 de la tercera temporada de El Ministerio del Tiempo.

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