Palacios reales de San Petersburgo: joyas arquitectónicas a las afueras de la ciudad

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San Petersburgo, la capital norteña de Rusia, está rodeada por pequeños núcleos suburbanos donde se encuentran las antiguas residencias reales como si de un elegante collar de perlas se tratase. En este artículo te hablamos de las joyas más destacadas entre los palacios reales de San Petersburgo: Peterhof, el palacio de Catalina y el palacio de Pávlosk.

Peterhof, el «Versalles» ruso

El Palacio de Peterhof es un grandioso complejo de más de mil hectáreas construido entre los siglos XVIII y XIX en el que hay más de una treintena de edificios y pabellones y numerosos jardines y parques adornados por numerosas fuentes y esculturas cuya arqutectura se asemeja en gran medida al palacio de Versalles francés.

Cuenta la leyenda que fue Catalina I -la esposa de Pedro- quien le convenció para construir un palacio a las orillas del golfo de Finlandia, y que el zar se entusiasmó tanto con la idea que bosquejó él mismo los planos del trazado del parque, la distribución de los edificios y las fuentes.

El Palacio Grande

Palacios reales de San Petersburgo

El centro del complejo de palacios y parques de Peterhof es el Palacio Grande, donde destacan la inmensa sala del trono, que tiene una extensión de 300 metros cuadrados y un gran número de pinturas de importantes artistas de la época; y la sala de bailes, un magnífico ejemplo de interior del barroco ruso.

También es digno de apreciar el exterior del palacio, en cuya fachada sur se extienden las 15 hectáreas del Parque Superior, que representa un magnífico ejemplo de jardinería simétrica con cuadros de arbustos dispuestos a ambos lados de un parterre grande coronado por la gloriosa fuente Neptuno.

Otros edificios dignos de visitar en el complejo son el palacio de Monplaisir, el favorito de Pedro I y el más cercano al mar; el pabellón Ermitage, que contaba con una mesa levadiza especial para bufett que hacía la delicias de los comensales en los banquetes; y el conjunto Marly.

Las fuentes, el mayor atractivo de Peterhof

La merecida fama que tiene Peterhof entre los palacios reales de San Petersburgo se debe a sus numerosas fuentes y parques, ya que constituyen un entorno de belleza natural y arquitectónica que nada tiene que envidiarle al propio Versalles: de hecho, esparcidos por los jardines hay edificios concretos que son reproducciones de otras residencias similares del rey francés Luis XIV, como por ejemplo el palacete Marly.

En cuanto a las instalaciones hidrotécnicas que plagan los jardines, son únicas dentro de su género y constituyen un exponente del arte monumental y decorativo. Entre todas ellas destacan la cascada Grande, que divide el parque inferior en los sectores este y oeste donde se encuentran las cascadas menores; la Montaña de Ajedrez, en la que tres fabulosos dragones alados lanzan de sus fauces abiertas torrentes de aguas que se escurren por las vertientes pintadas en forma de escaques; la Pirámide, un obelisco acuático que cuenta con siete pisos de espumosos chorros; o la fuente Sol, decorada en motivos dorados que hacen juego con el paisaje ocre de las hojas otoñales.

El palacio de Catalina (Tsásrkoie Sieló)

Tsásrkoie Sieló (o Aldea Real en ruso) es el conjunto de tierras que regaló Pedro I a su esposa Catalina la Grande, y en ellas encontramos un complejo de arquitectura y jardinería históricamente conocido como el palacio de Catalina que no tiene nada que envidiarle en belleza y boato al propio Peterhof.

Palacio de Catalina, uno de los palacios reales de San Petersburgo

El palacio de Catalina

La bellísima fachada del palacio de Catalina es una impresionante construcción de más de 300 metros de largo decorada en tonos azules combinados con ornamentos dorados para los cuales se utilizaron cerca de 100 kilogramos de oro. En el interior, destacan la Sala de Pinturas y el enorme recinto de la Sala Grande del Trono, de 826 metros cuadrados, majestuosa y solemne gracias a los numerosos espejos, los detalles en dorado y el plafón pictórico que crea una sensación de infinito.

La Sala de Ámbar, el lugar más misterioso de los palacios reales de San Petersburgo

Sin lugar a dudas, el lugar que más expectación despierta entre los visitantes del palacio es la famosa Sala de Ámbar, cubierta por completo del cielo al techo con este preciado material. El misterio que la rodea se debe a que, durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes la desmontaron y se llevaron los paneles a Koninsgberg, y desde entonces nunca más se supo de ella. Cuentan las leyendas que todos los paneles están guardados en algún lugar escondido entre Alemania y Rusia en lo que supondría un valioso y secreto tesoro. La sala se rehizo y se reinauguró en 2003.

La exaltación monumental a la gloria rusa

Durante el reinado de Catalina la Grande, el extenso parque de Catalina -con una superficie de 100,5 hectáreas- se convierte en una especie de panteón de la gloria rusa. El complejo de edificaciones rememora las victorias conseguidas en la campaña turca durante los años 1770 y 1780 con expresiones monumentales como las columnas rostradas de Chesme y Morea, el obelisco de Kagul y la columna de Crimea.

También cuenta el complejo con edificaciones típicas del clasicismo ruso como la Galería de Cameron, las salas de Ágata o el jardín Colgante, todos ellos inspirados en la arquitectura grecorromana. De hecho, en las salas de Ágata se encuentran los baños fríos, una especie de termas romanas cuyos ángulos están orientados a los puntos cardinales -como ocurría en estos tipo de construcciones en la Antigüedad-.

Los parques y jardines

Como ya hemos podido notar con Peterhof, dentro de los palacios reales de San Petersburgo los jardines, parques y fuentes gozan de una gran importancia. El palacio de Catalina no es una excepción y cuenta con numerosos parques como el parque de Catalina, el ya mencionado panteón de la gloria rusa; el parque de Alejandro, una singular obra de arquitectura y jardinería realizada en estilo chinesco (chinoiserie); el estanque Grande, basado en el estilo oriental «turquerie» y cuyas edificaciones y esculturas recuerdan a las mezquitas.

El palacio de Pávlovsk, otro de los palacios reales de San Petersburgo más importantes

Palacio Pávlovsk

El conjunto de palacios y parques de Pávlovsk está ubicado un poco más al sur de Tsásrkoie Sieló, y es el único de todos los complejos de palacios reales de San Petersburgo que posee integridad estilística. Fue un regalo de Catalina II a su hijo Pablo I, el heredero del trono y supone una de las cimas de la arquitectura rusa en la época del clasicismo.

Merecida notoriedad tiene el magnífico decorado del interior del palacio principal de Pávlovsk, una riquísima colección de pinturas, porcelanas, objetos de arte de metal y muebles exquisitos. El exterior, un trazado de parques de 600 hectáreas plagado igualmente de fuentes y jardines, tampoco se queda atrás. A lo largo de la extensión del complejo encontramos construcciones como el templo de la Amistad, el pabellón de las Tres Gracias o la columnata de Apolo.

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